El Poder de la Palabra.

La palabra, dicha o escrita, la narrativa, lo que se dice y la manera en que se dice, son cosas que se constituyen en lo que somos como personas. Interfieren en nuestro carácter y en nuestras actitudes, en la manera en que afrontamos la vida y sus obstáculos. De hecho, el psicoanálisis surgió como una forma de *cura por palabra*. Y es que al escucharlas asumimos de manera inconsciente el significado de esas palabras como una verdad en cierta forma absoluta. Si se nos ha dicho que somos unos perdedores, probablemente lo creamos así, y tendremos primero que *desmontar* eso de nuestra mente para poder entonces asumir una realidad distinta.

Por ejemplo, el otro día escuché una madre corregir a su hijo de la siguiente manera:

“Carlitos, ve ahora mismo a ordenar tu habitación, eres muy desordenado y desobediente, ve ahora y haz lo que te digo.”

Cosas como estas son las que se van quedando guardadas en nuestras mentes, y posteriormente van a influenciar nuestro carácter y nuestras formas de actuar. Porque ¿Qué más da? Total, somos desordenados y desobedientes.

Sin embargo, si “corregimos” esta manera de “corregir”:

“Carlitos, por favor ve y ordena tu habitación, eres un niño ordenado, vamos, yo te ayudaré.”

Es increíble la manera en que estas formas de corregir influyen en el comportamiento de nuestros niños, y sin embargo, este fenómeno se repite también en los adultos, inclusive para con nosotros mismos.

Me explico: No es igual decir o pensar: “Caramba, hoy es domingo, ya mañana es lunes. A enfrentar el mismo trabajo, la misma gente, la misma carga, en fin, ojalá se termine la semana rápido.”

Que decir o pensar: “Mañana es Lunes. Otra semana productiva por comenzar, a ver, haré una lista de las cosas que tengo pendientes para esta semana.”

Y que conste: Independientemente el tipo de vida que cada uno tiene, la forma en que afrontamos los problemas marcará nuestras vidas mucho más que los problemas mismos.

Y es aquí donde la palabra juega un papel preponderante, pues muchas veces no es lo que se dice, sino la forma en que se dice. Debemos ser cuidadosos con lo que pensamos, con lo que decimos y finalmente con lo que hacemos, teniendo en cuenta ese mismo orden de cosas, es decir, primero tenemos una manera de pensar, influenciada por las cosas que otras personas nos dicen, luego tenemos una manera de hablar que influye directamente en lo que pensamos y finalmente tenemos una manera de actuar, que no es otra cosa que el resultado de lo que pensamos y decimos a nosotros mismos.

Todo esto cobra mucho más importancia cuando educamos a nuestros hijos, pues recordemos que ellos son libros en blanco que nosotros mismos iremos llenando de cosas buenas, malas o regulares según sea el caso y dependiendo de cómo nos comportamos nosotros.

Aquí se produce una especia de círculo vicioso, porque lo que decimos y la forma en que lo decimos  influye en la manera en que pensamos. Es un concepto no muy difícil de comprender, pues todos sabemos que tenemos cierta habilidad para *convencer*  a otros de algunas cosas, pues así mismo somos más capaces aún de influenciarnos a nosotros mismos sobre una idea.

Hasta pronto.

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